La historia del Museo de Las Ayalgas de Siviella (por @museolasayalgasdesilviella)

El Museo de Las Ayalgas de Silviella no nació de un proyecto planificado ni de una idea empresarial. Nació de una pasión profunda, de una forma de entender la vida y de un compromiso personal con la memoria de su familia, y con ella, la de todo un modo de vida que hoy forma parte de nuestra historia. Detrás de este museo está Ángel, su creador, una persona que ha dedicado gran parte de su vida a recuperar, restaurar y dar valor a aquello que muchos daban por perdido. Durante años, Ángel fue rescatando herramientas, máquinas, utensilios y objetos que habían quedado abandonados o a punto de desaparecer. Cada objeto que hoy se puede ver en el museo ha pasado antes por sus manos, manos pacientes, constantes, que limpiaron, repararon y devolvieron la dignidad a piezas que habían sido fundamentales en la vida cotidiana de generaciones enteras. Nada aquí está puesto al azar: todo tiene una historia que contar, y muchas de ellas están ligadas a las vivencias de las gentes del entorno, a su propia familia y a la vida de Ángel. Con el tiempo, aquella colección personal fue creciendo, y también la necesidad de compartirla. Decidió que ese legado debía tener un lugar propio y con sentido.


Por eso eligió Silviella , en el concejo de Belmonte de Miranda, un lugar cargado de historia. La nave que hoy alberga el museo fue trasladada desde Grandas de Salime para convertirse en talleres, almacenes y vivienda durante la construcción de la central hidroeléctrica de Miranda, formando parte activa de aquel momento clave en la historia del concejo.


En ese mismo espacio, que ya había sido testigo de trabajo, esfuerzo y vida cotidiana, tomó forma un museo que hoy es mucho más que un espacio expositivo: es un lugar donde el pasado se conserva con respeto, donde se escucha, se toca y se comprende. El Museo de Las Ayalgas de Silviella recoge la esencia del mundo rural: la agricultura, la ganadería, los oficios tradicionales, la industria, el transporte y la vida doméstica. Muchas piezas llegaron gracias a la confianza y generosidad de vecinos que vieron en Ángel a la persona adecuada para custodiar una parte de su propia historia. 


Visitar Las Ayalgas de Silviella es entrar en un proyecto hecho con el corazón. Es entender que conservar la memoria no es mirar atrás, sino reconocer de donde venimos para saber quien somos.

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