El lagar cambió de manos y se convirtió en el Asador del Marimar, una parada entrañable para quienes se dirigían a la playa, donde la sidra seguía reuniendo a vecinos y viajeros alrededor de la mesa. Hoy, tras su restauración, La Llosuca conserva ese espíritu.
El antiguo asador permanece como elemento decorativo, testigo silencioso de su pasado, recordándonos que aquí no sólo se elaboraba sidra, se compartían historias, se forjaban recuerdos y se celebraba la vida.
La casa ha sido rehabilitada respetando su estructura original y su arquitectura tradicional, conservando el carácter de los lugares que no se inventan: se heredan.
Cada rincón ha sido decorado con intención, mezclando el estilo rústico asturiano, con toques modernistas de finales del siglo XIX, creando un ambiente acogedor, elegante y único.
Y cuando cae la noche...Quizá escuches algún crujido, un murmullo suave, el sonido de una viga que habla. No es nada extraño, es la casa recordando quién es. La Llosuca no está hecha para ser "perfecta", sino para ser real. Como todas las construcciones con historia, no pretende parecer moderna...porque su encanto está en lo que conserva.
Hospedarte aquí es más que dormir en una casa rural.
Es sentir Asturias por dentro.
Es desconectar del ruido.
Y vivir, aunque sean unos días, una experiencia auténtica, lenta y llena de alma.
Y ahora, tú también puedes formar parte de su historia.

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