Hórreos y Teitos de Asturias (por Carlos Gutiérrez)

La arquitectura tradicional asturiana cuenta en madera, piedra y cubierta vegetal una historia de 5 siglos de ingenio campesino. Más de 20.000 construcciones que acaban de ser reconocidas como Patrimonio Cultural Inmaterial.

Hay pocas cosas más asturianas que un hórreo. Aparece en casi todos los escudos municipales, en los sellos de los productos de la tierra y en el imaginario visual del Principado con la misma naturalidad con que aparecen los Picos de Europa o la sidra. Pero el hórreo no es solo un símbolo: es una solución de ingeniería brillante que los campesinos asturianos perfeccionaron durante siglos para resolver uno de los problemas más concretos de la vida rural en un clima húmedo. Cómo guardar el grano y los alimentos sin que se pudran, sin que los roedores los invadan y sin que la humedad del suelo los arruine.


La respuesta fue elevarlos. Cuatro piedras —los pegollos— sostienen una cámara de madera que queda suspendida en el aire, ventilada por todos sus lados, con una gran piedra plana encima de cada pilar —el tornarratos— que impide el ascenso de los ratones. Es una arquitectura que no tiene clavos, que puede desmontarse y trasladarse, que usa la madera de castaño local y que ha sobrevivido intacta desde el siglo XV hasta hoy. En 2026, el Consejo de Ministros ha aprobado el reconocimiento de los hórreos del norte de la Península Ibérica como Patrimonio Cultural Inmaterial, el reconocimiento más alto que puede recibir este tipo de patrimonio vivo.

“El Consejo de Ministros ha aprobado en 2026 el reconocimiento de los hórreos del norte de la Península Ibérica como manifestación representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial, protegiendo no solo las construcciones físicas sino también los oficios, saberes, recuerdos y valores simbólicos que representan para Asturias, Galicia, León, Cantabria y el País Vasco.”

Pero el patrimonio arquitectónico rural asturiano no termina en el hórreo. En el suroccidente del Principado, especialmente en Somiedo y Teverga, existe otro tipo de construcción que conecta con una antigüedad todavía mayor: los teitos, cabañas de piedra con cubierta vegetal de escoba o piorno que los pastores usaban —y algunos siguen usando— en las brañas de montaña. Son las pallozas asturianas, descendientes directas de las construcciones de los castros celtas del siglo VIII antes de Cristo.

«Proteger los hórreos no significa únicamente conservar madera, piedra o cubiertas: es defender una manera de entender la vida, el vínculo entre generaciones y un legado simbólico que ha de seguir en pie frente al olvido y la uniformidad de nuestro tiempo.»

Anatomía de un Hórreo: Cada pieza tiene su nombre

Pegollos (Pilares)

Los cuatro pilares de piedra que elevan el hórreo del suelo. Su altura garantiza la ventilación y el aislamiento de la humedad. Número variable, pero siempre cuatro en el hórreo clásico.


Tornarratos (Piedras planas)

La gran piedra plana circular colocada en la cima de cada pegollo. Su vuelo lateral impide que los roedores asciendan por el pilar. Un sistema antiplagas de ingenio puro sin venenos ni trampas.


Liños (Tablas verticales)

Las tablas verticales de madera de castaño que forman las paredes del hórreo. No van clavadas: se engastan entre dos vigas horizontales superior e inferior. Sus huecos permiten la ventilación continua del interior.


Tejado a cuatro aguas (Cubierta)

La cubierta del hórreo clásico asturiano tiene cuatro vertientes que confluyen en un vértice único. Originalmente de teja o pizarra. Esta forma diferencia el hórreo asturiano del gallego, que suele tener tejado a dos aguas.


Puerta y corredor (Entrada y pasillo)
Algunas paneras —la versión ampliada del hórreo— tienen corredores exteriores donde el maíz se colgaba a secar al aire libre. Las paneras de estilo maliayo de Villaviciosa son especialmente ricas en este elemento decorativo.


Decoración tallada (Ornamentación)

El hórreo es también arte popular. Discos solares, rosetas, cruces, tetrasqueles y pinturas de colores adornan los liños y sobreliños de los mejores ejemplares. Cada zona tiene su propio vocabulario decorativo.


En Asturias conviven dos variantes principales. El hórreo tiene planta cuadrada y cuatro pegollos: es la forma clásica. La panera es rectangular y con seis o más pegollos, apareció con la introducción del maíz americano en el siglo XVIII, cuando las cosechas aumentaron tanto que el hórreo cuadrado se quedó pequeño. El cabazo, de planta rectangular muy estrecha y frecuente en el occidente, es una tercera variante emparentada con el hórreo gallego.

Tres estilos, tres Asturias constructivas

Los etnógrafos identifican tres grandes estilos decorativos en el hórreo asturiano, según la zona geográfica y la época de construcción. Reconocerlos sobre el terreno convierte el paseo por cualquier aldea en una lectura arquitectónica apasionante.

Estilo Villaviciosa (Siglos XV–XVII) (Villaviciosa · Colunga · Piloña · Cabranes)

El estilo más antiguo y refinado del hórreo asturiano. Los ejemplares más tempranos datan de 1505 y la fabricación batió récord entre los siglos XV y XVII. Sus tablas muestran pinturas y tallas decorativas de gran riqueza: motivos geométricos, heráldicos y vegetales ejecutados con una maestría que convierte cada hórreo en una pieza de arte popular. El ensamblaje nunca usa clavos de metal, solo tornos de madera.

Estilo Carreño (Desde el siglo XVIII) (Carreño · Gijón · Avilés)

Aparece en la zona central-norte de Asturias a partir del siglo XVIII con un carácter visual radicalmente diferente: fachadas de gran colorido, decoración exuberante y un gusto por la ornamentación que refleja la prosperidad del campesinado costero. Los colores vivos —ocres, rojos, azules— y los motivos figurativos lo hacen el más visualmente impactante de los tres estilos. Ejemplo del optimismo barroco trasladado a la arquitectura popular.

Estilo Allande (Occidente asturiano) (Allande · Degaña · Ibias · Cangas Narcea)

El estilo más austero y simbólico. Su decoración prescinde del colorido del Carreño y la riqueza figurativa del Villaviciosa para centrarse en motivos geométricos y solares de honda raíz celta: discos solares, rosetas de seis pétalos, cruces y tetrasqueles. Cada símbolo tiene una carga apotropaica —protectora contra el mal— que conecta estos hórreos directamente con la cosmovisión prerromana del territorio. El más solemne y el más cargado de significado ancestral.

Los Teitos de Somiedo: las Pallozas Asturianas

Si el hórreo es el símbolo del campesino sedentario, el teito es el símbolo del pastor trashumante. Teito —del latín tectum, cubierta— es el nombre asturiano de las cabañas de piedra con cubierta vegetal que los pastores usaban durante los meses de verano en las brañas de montaña, mientras el ganado aprovechaba los pastos de altura. Son las pallozas asturianas, hermanas de las gallegas y primas de las chozas atlánticas que se extienden desde Portugal hasta Irlanda.


Su origen se remonta al siglo VIII antes de Cristo, a los primeros castros celtas. Las paredes son de piedra seca, la planta es cuadrada o rectangular, los huecos en los muros son escasos para conservar el calor, y la cubierta es vegetal: escoba (Cytisus scoparius), piorno o brezo, colocados en capas superpuestas sobre una estructura de madera que crea un aislamiento natural extraordinario. En Somiedo y Teverga, esta arquitectura de 3.000 años de antigüedad sigue en uso activo.

La diferencia técnica entre el teito asturiano y la palloza gallega está en el material de la cubierta: en Somiedo se usa la escoba o el piorno; en Galicia y en el noroeste de León, la paja de centeno. Esta distinción botánica refleja también una diferencia cultural y geográfica entre dos tradiciones constructivas que comparten el mismo ancestro celta.

Seis consejos para disfrutar el Patrimonio

Elige el otoño: Octubre y noviembre tiñen los castaños de oro justo alrededor de los hórreos. Es, con diferencia, la mejor época para fotografiar estos conjuntos. La luz baja y dorada del otoño transforma cualquier aldea en una pintura.

Fotografía con contexto: El hórreo cobra sentido en su entorno: la casa de labranza, el pozo, el jardín, la montaña al fondo. Evita los planos cortos aislados; busca la composición con la quintana completa para capturar la escena entera.

Respeta la propiedad privada: La mayoría de los hórreos siguen siendo propiedad privada y forman parte de explotaciones activas. No toques, no entres sin permiso y mantén la distancia. Son patrimonio vivo, no decorado de escenario.

Teitos, calzado de trekking: Las brañas de teito de Somiedo están a altitudes de entre 1.000 y 1.600 metros. El acceso es por senderos de montaña. Botas con suela adherente, ropa de abrigo y agua son imprescindibles.

Teitos: junio–septiembre: Las brañas de Somiedo son accesibles principalmente entre junio y octubre. Fuera de ese período, la nieve puede cortar los accesos. La Pornacal es la más frecuentada pero también la más impactante del conjunto.

Descubre estas construcciones en el mapa de Tópate con AsturiEs.

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