Leyendas y Mitología Asturiana (por Carlos Gutiérrez)

En Asturias la naturaleza nunca estuvo vacía. Antes de los mapas, los caminos y los nombres, ya había xanas en los manantiales, cuélebres custodiando cuevas y la Güestia recorriendo los caminos de noche. Un universo mitológico que sigue tan vivo como el verde que lo rodea.

Pocas regiones de España conservan un imaginario mitológico tan rico, tan enraizado en el paisaje y tan vivo en la memoria colectiva como Asturias. No hablamos de leyendas de museo ni de folklore de colección: hablamos de relatos que se transmitieron de abuelos a nietos durante siglos, que pusieron nombre a gargantas, fuentes y cimas, y que hoy dan título a senderos, sidrerías y festivales.

La mitología asturiana bebe directamente de la herencia celta. Mucho antes de Roma y del cristianismo, los pueblos que habitaban estos valles levantaron castros en lo alto de las montañas y entendieron la naturaleza como un territorio habitado, lleno de presencias: algunas protectoras, muchas peligrosas, todas explicables solo a través del relato. El agua, el bosque, la tormenta, la noche y la muerte —los cinco grandes misterios cotidianos— tienen cada uno su criatura asignada, su historia y, en muchos casos, su lugar físico todavía visitable.

Este artículo es una guía doble: un bestiario comentado de los seres más importantes de la mitología asturiana, y una hoja de ruta para encontrar sus huellas sobre el terreno. Porque la mejor manera de conocer estas leyendas es caminar por donde nacieron.


Los Ocho Seres que habitan Asturias


La Xana

La criatura más célebre del folclore asturiano. Las xanas son ninfas de extraordinaria belleza —ojos azules, cabello largo y dorado— que habitan en las fuentes, manantiales y ríos de los bosques. Son las representantes asturianas de la gran familia de las náyades mediterráneas, adaptadas al paisaje atlántico. Custodian tesoros de enorme valor, aunque a menudo se encuentran encantadas bajo la vigilancia de un cuélebre, a la espera de que alguien las libere. La noche de San Juan es su momento: salen junto a los arroyos para peinar sus cabellos con peines de oro, y pueden ofrecer riquezas al viajero valiente o arrastrarlo a su mundo acuático para siempre.

«En la noche de San Juan, si escuchas un canto junto al río y ves un reflejo dorado en el agua, no te acerques... a menos que lleves el corazón limpio.»


El Cuélebre

El gran dragón de la mitología asturiana. Los cuélebres son serpientes descomunales con alas, crin tras la cabeza y piel dura como el metal, que habitan en cuevas profundas, desfiladeros y entradas a lugares encantados. Su función es guardar tesoros y custodiar a las xanas encantadas. Son prácticamente inmortales: solo pueden ser vencidos con comida envenenada —panes cargados de agujas o piedras— que devoran sin sospechar el engaño. Representan la fuerza bruta del monte y el misterio de lo que yace bajo tierra. Muchas cuevas asturianas tienen asociada la leyenda de un cuélebre; identificarlas mientras se recorre la región es uno de los placeres de viajar con este imaginario en la cabeza.

«Dicen que en las cuevas de los Picos todavía hay cuélebres dormidos. Por eso el río Cares suena tan extraño en ciertos puntos: es su respiración.»


El Nuberu

El señor de las nubes, las tormentas y el granizo. El Nuberu —también escrito Ñuberu— es una figura masculina temible que cabalgaba las nubes de tormenta y decidía qué cosechas destruir y cuáles respetar. Se le representaba como un hombre de aspecto rudo, vestido con pieles, capaz de invocar el granizo o desviar una tormenta con un gesto. Era el miedo concreto del labrador ante la naturaleza incontrolable: en Asturias, donde la lluvia y las tormentas son protagonistas durante meses, el Nuberu tenía una presencia psicológica enorme. La tradición recoge formas de aplacarlo o engañarlo, incluyendo conjuros específicos que los curas del medievo incorporaron al ritual cristiano.

«Cuando el cielo se pone verde sobre los Picos, los viejos del concejo dicen que el Nuberu está despertando. Y casi siempre, aciertan.»


La Güestia

La procesión de los muertos. La Güestia —también Güestía o Estadea— es una comitiva de almas en pena guiada por un vivo que deambula por los caminos de noche, especialmente en otoño e invierno. Si te cruzas con ella y eres avistado, debes tumbarte en el suelo boca abajo, nunca mirarla a los ojos y esperar a que pase. El vivo que la encabeza se llama el "estadante" y está condenado a guiarla hasta que otro vivo tome su lugar. La Güestia es la leyenda más pegada a los caminos rurales asturianos: cada aldea tiene su ruta y su hora de aparición. Es también la más celta de todas las leyendas asturianas, con un paralelo directo en la "Santa Compaña" gallega.

«Si de noche escuchas pasos en el camino y sientes frío repentino en un día de verano, tírate al suelo. Lo que viene no es de este mundo.»


El Trasgu

El duende doméstico asturiano. El Trasgu es un pequeño ser travieso con cuernecillos en la frente, vestido de rojo de pies a cabeza y con un agujero en la mano izquierda —detalle que explica por qué siempre pierde lo que intenta agarrar—. Vive en las casas y puede ser aliado o enemigo del hogar según cómo se le trate: si está contento, ayuda con las tareas; si se enfada, rompe platos, esconde objetos y desata el caos. La única forma de deshacerse de él es mandarlo a recoger mijo en la playa usando el agujero de su mano —tarea imposible que lo entretendrá para siempre. A diferencia de otras criaturas terroríficas del bestiario asturiano, el Trasgu tiene algo de entrañable: es el miembro invisible de la familia.

«Si por la mañana encuentras los objetos fuera de sitio y no sabes quién fue, no busques culpables humanos. El Trasgu ha pasado la noche activo.»


El Busgosu

El espíritu del bosque. El Busgosu es un ser con pies de cabra y cuerpo cubierto de pelo, guardián de los animales salvajes y los árboles. No es malvado: es la personificación de un bosque que se defiende solo. El cazador que entra a matar por placer, el leñador que tala sin necesidad o el caminante que destruye sin motivo pueden encontrarse con su ira. Pero el que respeta el monte puede pedirle ayuda y recibir orientación para no perderse. Es el ser más ecológico del bestiario asturiano: un eco de la antigua religiosidad celta que entendía el bosque como entidad sagrada. Los senderos por los bosques de Muniellos, Fuentes del Narcea o el parque de Redes son territorio natural del Busgosu.

«El bosque te da pistas cuando lo respetas: un pájaro que cambia de rama, una ardilla que para. El Busgosu avisa antes de actuar.»


La Guaxa

La encarnación del miedo nocturno. La Guaxa es una vieja con un único diente enorme con el que chupa la sangre de los niños mientras duermen. Funciona como la personificación de la enfermedad infantil inexplicable: si un niño amanecía pálido, débil o con marcas en el cuello, la Guaxa había pasado. Es una figura de terror pedagógico —diseñada para que los niños no salieran de noche ni abrieran las ventanas— pero también un reflejo de la angustia real de los adultos ante enfermedades que no comprendían. Con la Guaxa, la tradición asturiana ponía rostro al miedo a la enfermedad y la muerte infantil, haciendo tolerable lo intolerable a través del relato.

«No dejes la ventana entreabierta al acostarte. No por el frío. Por lo que entra con él.»


El Diañu Burlón

El maestro del engaño. El Diañu Burlón adopta normalmente la forma de un caballo negro, aunque puede aparecer como vaca, carnero o incluso bebé. Su especialidad son los caminos de noche: se presenta como una montura agotada o como un bebé abandonado para atraer a viajeros incautos, y cuando estos caen en la trampa los lleva hasta barrancos, ríos o simplemente los pierde en la oscuridad del monte. Representa la advertencia más práctica de toda la mitología asturiana: no te fíes de lo que encuentras en el camino de noche, por muy inofensivo que parezca. Una lección que en los valles oscuros de la Asturias pre-eléctrica tenía una utilidad real y urgente.

«Si de noche un caballo solo se pone a tu lado sin dueño y te mira, no te subas. No llegará adonde tú quieres ir.»


La mitología asturiana no son cuentos para asustar niños. Son la manera en que una cultura sin escritura explicó el agua, la tormenta, la muerte y el bosque durante mil años.


El Sustrato Celta: de dónde viene todo esto

La mitología asturiana no surgió de la nada. Es el resultado directo de siglos de cultura celta en la Cornisa Cantábrica, que convivió con Roma, sobrevivió al cristianismo y llegó, parcialmente transformada, hasta nuestros días. Los celtas no construyeron grandes templos, pero sí levantaron castros en lo alto de las montañas desde los que vigilaban valles y ríos. Para ellos, la naturaleza entera era sagrada: cada fuente, cada bosque, cada cima tenía su presencia.

Esa cosmología —en la que el mundo de los vivos y el de los muertos estaban separados por un velo muy fino— es la matriz de la que nacen las xanas, la Güestia y los cuélebres. Visitar los castros asturianos es, literalmente, visitar el lugar donde nacieron estas historias.

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